COMO CONVERTIRSE EN UN SER PERFECTO Y FELIZ I

“Sólo un idiota puede ser
totalmente feliz” Vargas Llosa

Últimamente he leído más de lo normal acerca de la idiotez; en los textos y en la vida es un mal que abunda, un mal que no se ha podido contrarrestar. Los idiotas con éxito viven tan felices que tal felicidad no es envidiable. Tanta felicidad termina por empalagar, entiéndase el término como sinónimo de máxima estupidez traducida en falsedad.
Yo que por años he sido una mujer idiota sin éxito, me atreveré a dar algunas pautas para aquello que quieran alcanzar la felicidad con el menor esfuerzo.
Cortázar en uno de sus fabulosos escritos habla de la idiotez así:

“Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta "L'année dernière à Marienbad", ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre”

Suele sucederme, sentirme idiota cuando en frente de mi se posa aquello que logra exaltar mi alma y mi espíritu y que a los inteligentes les parece aburrido, ridículo y sin gracia. Cuando me enamoro me siento idiota, y el sentimiento es tan grande como el significante del idiota del cual me enamoré. Por lo pronto me aseguraré de enamorarme de un idiota sin éxito, conciente como yo que la felicidad viene en cajas separadas, y aquella que se vende como paquete completo, es una falsedad disfrazada de felicidad.
Enamorarme de un idiota sin éxito es lo que deseo, no vaya a ser que un día estando juntos la repugnancia haga alarde de mi y termine concientizándolo que su idiotez, más que felicidad, es el grado máximo de la estupidez y de la falsedad, y en vez de irme yo, me deje él.
Ser idiota sin éxito me permite llorar todas las noches frente a la ausencia de una buena telenovela, reír al lado de mis amigos, protestar ante el sistema equívoco humano, leer libros deshumanizantes, humanizar a mis animales, hacerle shows a mis amigos en la calle, sentirme bien sobando la piel de mi acompañante, ir a la universidad, hacerle cambios de look a la gente que quiero, escribir una y otra vez lo mismo, bailar en el baño, imaginarme destapando una de las cajas de la felicidad viajando en un granabastos1 y anhelar un hombre hermoso e idiota con éxito a mi lado.

1. Bus urbano. En Barranquilla se caracterizan por ir a velocidades inverosímiles, moverse al punto de crear pánico entre los usuarios y llenarse como las vacas que menciona Saramago.

3 comentarios:

Deivi a.k.a El Escribidor dijo...

¿Seré un idiota sin éxito? Por otro lado, me da temor, en este escrito, decir Me gusta; acaso sea manifiesta mi gran idiotez infructuosa.

Steven Manduca dijo...

Quiero una idiota pero con exito.

MARÍA POLICARPA dijo...

Uy, Jube si tiene razón... La idiotez si va de la mano con el enamoramiento... pero yo creo que suenan risas de comedia en vivo cuando uno se da contra el suelo, despierta y se da cuenta que el amor comienza a tornarse un camino difícil y ese mismo hecho nos obliga a tomar decisiones trascendentales de seguir y esperar a que a veces la idiotez y la tristeza lleguen o mejor quedarse esperando a que el medio ambiente se ocupe de todo...
Seeeehhh, es bueno ser idiota, pero un idiota con argumentos para serlo.
Un saludo.

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